Podría gritar con todas mis fuerzas y nadie me escucharía, el sonido me envuelve mientras veo a la gente caminar por
Oxford Street, no te miran, no les importas, chocan y continúan con su café caliente para olvidar el duro invierno. Camino casi mas rápido que los coches, el trafico es tan denso que me da tiempo a hacer mil fotos "poser" con un autobús rojo...
HOLA LONDRES!
¿Y ahora qué? Todo se ve muy bonito a través de las fotos con el
Big Ben de fondo, pero me deslizo por el "underground" donde no hay invierno, son las 6, hora punta, no hay espacio y las puertas atrapan mi abrigo.
Salgo de a estación con ilusión desbordante, sonriendo a la precoz e invernal noche y camino, mucho. Número 40 pone en la puerta del edificio de aspecto sucio y poco seguro, llamo y alguien me contesta con un ingles muy...
RÁPIDO. No entiendo nada.
- Hello, I am the new neighbor -creo que lo he dicho bien, ¿no?
Me abren y veo una escalera que parece no tener fin y al fondo, la puerta de madera, se abre y veo a mi compañera, me invita a subir y cojo todas mis fuerzas en subir mis maletas "¿Por qué no traje menos trastos?". Me instalo en una habitación pequeña, con una cama individual de 90, un pequeño escritorio de madera y una silla de plástico, el armario esta empotrado y desgraciadamente no caben todos mis trastos... Este será mi hogar, por ahora.
Salgo a trabajar todos los días, de 8 de la mañana a 3 de la tarde, más la hora de trayecto, lo único que hago es limpiar mesas y suelos, que cansada estoy... De 5 a 8 clases de ingles y llego muerta a casa.
Pensé que Londres seria fiesta, compras y paseos por el
Támesis.
¿Pero hoy? HOY ES DÍA DE DESCANSO.
Vamos por
London Bridge y pasamos a su mercado, veo dulces, carnicerías, quesos y fiambres italianos, camino absorbiendo colores y olores exóticos. Supongo que no todo es malo, pero... Todo tiene un precio. La aventura comienza y no se si estoy preparada, que comience el juego.